Gerardo Hernández Nordelo


 

 

 

  Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco prisioneros cubanos en EE.UU. Condenado injustamente por luchar contra el terrorismo.


Nacido el 4 de junio de 1965 en el seno de una familia humilde, Gerardo Hernández Nordelo es por naturaleza un joven sencillo, estudioso, caballeroso y de profundo sentido de la responsabilidad.

Su alta sensibilidad, sentido del humor - que refleja a través de sus dibujos e historietas cómicas- y capacidad para exponer con claridad sus ideas, lo han convertido en un compañero querido y admirado por quienes lo rodean.

Gerardo es una persona ecuánime, capaz de conservar el sentido del humor en las condiciones más difíciles. Su trayectoria estudiantil es destacada. En 1989 finalizó con muy buenos resultados sus estudios universitarios en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) “Raúl Roa García”. Fue dirigente estudiantil y descolló por su entusiasmo, creatividad y participación en festivales culturales como integrante de un grupo de teatro y como caricaturista y humorista.

Mantiene una tierna relación con la ingeniera química Adriana Pérez O’Connor, con quien se casó en 1988, se manifiesta en las cartas que a ella le escribe desde la prisión: ...Cuando yo pienso en todas las formas en que tú me haces feliz, casi no me puedo creer lo dichoso que soy de tener una esposa como tú. Tú eres el amor de mi vida, y si al celebrar este año nuestro aniversario yo pudiera tener solo un deseo para ti, este sería poder darte tanta felicidad como tú me has dado a mí. Feliz aniversario con amor y ten la seguridad que dentro de otros 10 años aún seremos una pareja monísima...”

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pérdida de una hermana, María del Carmen Hernández Nordelo, en un accidente aéreo lo marcó profundamente, y aun cuando se crearon condiciones para que viajara desde Estados Unidos y pudiera asistir al sepelio, decidió permanecer cumpliendo sus importantes misiones como homenaje póstumo a su hermana. Su otra hermana es Isabel Hernández Nordelo.

Carmen Nordelo Tejera, su mamá, le profesa un extraordinario amor. Se siente orgullosa y segura que la humanidad toda se lo devolverá de las prisiones norteamericanas, ha donde lo han confinado por el increíble "delito" de luchar contra el terrorismo.

Fue a mediados de los años noventa cuando Gerardo marchó a Estados Unidos para cumplir peligrosas misiones, consistentes únicamente en a prevenir a Cuba de acciones terroristas, planificadas y ejecutadas por organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami. Su objetivo mayor: preservar a su pueblo de la muerte, salvar vidas cubanas y norteamericanas. Combatir el terrorismo.

De este joven generoso dijeron sus acusadores que tenía las manos ''manchadas de sangre''. A lo que él respondió: “Que sepan los señores fiscales que la única sangre que podría haber en estas manos es la de mis hermanos caídos o asesinados cobardemente en las incontables agresiones y actos terroristas perpetrados contra mi país por personas que hoy caminan tranquilamente por las calles de esta ciudad. Sangre por la que un día juré que estaría dispuesto a sacrificar mi propia vida si con ello podía proteger a mi pueblo de semejantes crímenes.

En Estados Unidos Gerardo laboró como artista gráfico. Vivió en condiciones de austeridad, con los medios imprescindibles y sin lujos de ningún tipo. Era respetado por sus vecinos en Miami, amistades y conocidos, por su excelente comportamiento social, quienes así lo expresaron públicamente a raíz de su detención.

Contra él pesaron todos los cargos imputados en el juicio: conspiración, espionaje, documentación falsa, como agente de un gobierno extranjero sin ser diplomático ni comunicarlo al fiscal general y conspiración para cometer asesinatos.

Esa última acusación sólo fue imputada a Gerardo, maniobra que no contó con pruebas ni siquiera evidencias. Fue hallado culpable al relacionarlo la Fiscalía, de manera absurda, con el derribo el 24 de febrero de 1996 de dos avionetas de la organización terrorista ‘’Hermanos al Rescate’’ asentada en Miami, que violaron el espacio aéreo cubano.

Los testimonios brindados en la Corte y el del propio José Basulto, cabecilla de esa agrupación que reiterada e impunemente transgrede las leyes estadounidenses haciendo vuelos piratas con base en territorio, corroboraron que el acusado no tuvo absolutamente ninguna relación con ese incidente.

Ni en la idea, ni en la preparación, ni en la ejecución del vuelo de esa fecha Gerardo tuvo participación alguna. Sin embargo, el testimonio brindado por Basulto confirmó la plena responsabilidad de éste y su organización Hermanos al Rescate al provocar el derribo de las avionetas, lo que puede calificarse como una conspiración para arrastrar a una nación a la guerra.

Desde el Departamento de Estado hasta la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, conocían los vuelos periódicos y provocadores de la organización terrorista. Cuba advirtió reiteradamente sobre el peligro que representaban estas provocaciones, urdidas en Miami con la tolerancia del gobierno estadounidense.

El 24 de febrero de 1996, una vez más, naves de Hermanos al rescate violaron el espacio aéreo cubano y fueron derribadas, decisión de un Estado y que en el juicio se personalizó en Gerardo, lo cual es ilegal y contrario a las normas del Derecho.

En su alegato Gerardo expreso: ...’’Cabría preguntarse qué motivó a la Fiscalía a montar todo su show propagandístico alrededor de ese cargo y a buscar a toda costa la condena de alguien que ellos saben que no tuvo nada que ver con la muerte de esas personas...

‘’... Su señoría, la Fiscalía considera, y así lo ha pedido, que debo pasar el resto de mi vida en una cárcel. Confío en que si no es en este, en algún otro nivel del sistema, la razón y la justicia prevalecerán por encima de los prejuicios políticos y los deseos de venganza y se comprenderá que no hemos hecho ningún daño a este país, que merezca semejante condena. Pero si así no fuera, me permitiría repetir las palabras de uno de los más grandes patriotas de esta nación, Nathan Hale, cuando dijo: "Solo lamento no tener más que una vida para entregar por mi patria".