René González Sehwerert
     

 

 

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco prisioneros cubanos en EE.UU. Condenado injustamente por luchar contra el terrorismo.
 
Nacido en Chicago, en Estados Unidos, el 13 de agosto de 1956, René arriesgó su vida cuando en Miami logró acceso a diferentes organizaciones contrarrevolucionarias que utilizan el territorio norteamericano para organizar y realizar acciones terroristas y provocaciones constantes contra Cuba, con el propósito de desatar una confrontación militar entre la Isla y Estados Unidos. Fue acusado de conspiración, y de agente de un gobierno extranjero sin ser diplomático ni comunicarlo al fiscal general


"Sé feliz a toda costa, no te permitas un pensamiento pesimista, o un recuerdo desagradable, o la huella de una bajeza que alguna vez te hizo vivir un mal momento. Piensa que a todas esas cosas las venciste dentro y fuera de la cárcel, a golpe de carácter, de moral y de principios (...) no te niegues un momento de alegría, una sonrisa, un juego con las niñas, una reunión familiar, una salida para divertirte, una actividad en tu trabajo (...) Si algún día la sombra de mi situación se interpusiera para privarte de alguno de esos momentos, espántala, pues no será mi figura la que esté proyectando esa sombra...’’

Así escribía René González a su esposa, Olga Salanueva, el 6 de noviembre del 2000, en los días previos a que comenzara el proceso en el cual se conjugaron el odio contra Cuba y la corrupción judicial estadounidense. El proceso en el cual fue condenado a 15 años de privación de libertad, por el ‘’delito’’ de combatir el terrorismo.

 

 

 




 

 

 

 

 

Su familia era de emigrantes cubanos de procedencia obrera. Su padre, Cándido René González Castillo, fue trabajador siderúrgico en Indiana, Estados Unidos; mientras su madre, Irma Teodora Sehwerert Milejan, se dedicaba a los quehaceres domésticos.

El 2 de octubre de 1961 sus padres, quienes desde Estados Unidos habían cooperado con el Movimiento 26 de Julio en la lucha contra el dictador Batista, regresaron a establecerse definitivamente en Cuba, en compañía de sus dos hijos.

Nadie tiene el poder de hacerme infeliz

René en la carta a su esposa del seis de noviembre del 2002 agregaba: "Quiero que recuerdes que yo estoy bien. Que nadie tiene el poder de hacerme infeliz aquí, de la misma manera que nadie lo tuvo para hacerte infeliz durante tu encierro, pasando malos ratos. Eso no está en manos de nadie, solo en las mías. A mí me sobran los recursos para pasarla bien, tal y como me sobraron cuando nos pusieron en solitario y luego en condiciones de castigo... Confía en mi formación, en la educación que me dieron mis padres y en la dignidad con que se me hizo crecer...’’

Era la obligada referencia a las crueles condiciones carcelarias que ha sufrido, incluida la permanencia 17 meses consecutivos en El Hueco, al igual que sus compañeros, y con lo cual se violó impunemente la VIII Enmienda de la Constitución de Estados Unidos.

También René aludía al injusto encarcelamiento de su esposa durante tres meses en una prisión del INS. Olga Salanueva, graduada de ingeniería industrial, viajó enero de 1997 a Estados Unidos para unirse a su esposo, acompañada de la hija mayor, Irma. Posteriormente, en 1998, pocos meses antes de ser detenido René, nació en territorio norteamericano la más pequeña de esta familia, Ivette. Apenas a través de una de las ventanas de la prisión pudo su padre ver los primeros pasos de la pequeña.

A raíz de la detención de su esposo, comenzó un proceso de amenaza y chantaje hacia Olga y sus hijas, que incluyeron presiones psicológicas y económicas, con el objetivo de que lo traicionara. A partir de ese momento, el sacrificio y los peligros para su seguridad personal y la de su familia aumentaron ostensiblemente.

Pero aun en esas circunstancias, Olga decidió permanecer en Estados Unidos, sin embargo, las autoridades intentaron en vano doblegarla, no cedió a las amenazas y la encarcelaron. Uno de sus mayores sufrimientos fue la separación de sus dos hijas, una de 16 años y otra de dos, increíblemente también acusadas de haber recibido ''entrenamiento de inteligencia'' en la Isla, en otra de las tantas aberraciones que han caracterizado este caso. A finales del 2000 fue deportada hacia Cuba lográndose reunir en la Isla con las niñas.

Olga relató a la prensa cómo intentó en los inicios que le permitieran a René ver a sus hijas, y ante reiteradas negativas se ponía de acuerdo con él por teléfono y llevaba a las niñas a pasear por las afueras de la prisión para que él las viera.

"Debieron pasar ocho meses para que finalmente nos permitieran encontrarnos, y cuando ello ocurrió, él estaba esposado y no podíamos ni abrazarlo", describió Irma, la hija mayor, quien entonces tenía 14 años.

Estando en la cárcel, Olga recibió unos versos de su esposo:

Si me privaran del agua que calma mi sed
para que, inerte me humillara, no cederé,
pues no podrían impedir que me saciara
con la frescura que fluye de tu alma.

Si me privaran de esperanzas e ilusiones
con la inútil pretensión de arrodillarme, no cederé,
pues me sobran para refugiarme
nuestras vivencias de quereres y pasiones.



Crónicas desde la cárcel

El 21 de noviembre del año 2000 René comenzaría una sorprendente crónica sobre el juicio, que ha despertado gran admiración. Se trata de un relato pleno de detalles, argumentos, análisis y también de humor criollo, pero que permitió desnudar la vileza del juicio, las mentiras, la campaña de la prensa, las actuaciones de los abogados defensores, y las maniobras y acciones de los acusadores, fiscales, agentes corruptos del FBI y cabecillas de la mafia anticubana de Miami.

La Unión de Periodistas de Cuba otorgó a René en abril del 2002 la Distinción Félix Elmuza y la condición de Miembro de Honor de la organización, al igual que a su compañero Gerardo Hernández.

Dirigiéndose a su esposa René escribe: ‘’Mi amor, hoy comienzo la carta más larga que he escrito o escribiré en mi vida. Te la dedico a ti en este día en que tantos sentimientos y sensaciones encontrados me asaltan. Por un lado, el alivio de saber que al fin saliste de tu prisión, que estás entre tanta gente que te quiere y te apoya incondicionalmente, que te habrás reunido ya a Irmita, que habrás visto a tus viejos y, sobre todo, que habrás dejado de ser un instrumento en todo este torpe chantaje que se trató de imponerte inútilmente.

"Por otra parte, la incertidumbre de no saber cuándo te podré ver nuevo, el vacío que tanto llenabas en los días de visita o en las audiencias de la corte y el saber cuánto tú querías estar aquí junto a mí durante este proceso para darme tu apoyo y aliento...’’

De René afirman sus conocidos que es generoso, muy buen amigo, amante de la solidaridad y la justicia, meticuloso y vivaz, de carácter fuerte y nobles sentimientos.

De niño disfrutaba desarmando y armando juguetes defectuosos, y fue creciendo con una gran inclinación hacia la mecánica. Entre 1979 y 1982 realizó estudios en la escuela de aviación "Carlos Ulloa", en San Julián, Pinar del Río, de la cual egresó como piloto y, porteriormente, trabajó como instructor de vuelo.

A finales de 1990 partió hacia Estados Unidos. Allí se las ingenió para obtener informaciones acerca de las acciones terroristas planeadas en Miami contra Cuba. Su vida en ese país se desarrolló de manera austera y sacrificada, y tenía como única fuente de ingreso personal su trabajo como instructor de pilotos.



Le evitaron dolor también al pueblo norteamericano



Irma Sehwerert, la madre de René, en un acto ante más de 60 mil personas agradeció el apoyo del pueblo presto a exigir sin descanso la liberación de ese grupo de valerosos jóvenes. ¡Sabemos que no estamos solos!, exclamó.

‘’ Nuestros hijos supieron cumplir con el sagrado deber de defender su patria, neutralizando en todos los casos que les fue posible, los planes terroristas de la mafia cubano-americana ... Ellos, arriesgando sus vidas día a día, ¡cuánto sufrimiento, cuántas vidas humanas y cuanto dolor evitaron a nuestro querido pueblo y por qué no, también al pueblo norteamericano, frustrando las acciones terroristas!

‘’No han tenido un instante de flaqueza, ni un minuto han bajado su frente, no ha habido un solo retroceso, ni un lamento, ni siquiera en el momento en que el jurado los declaró culpables".

Y agregaba : ‘’De manos cercanas nos llegó una reseña que decía: " El día del veredicto nuestra gente se portó con una fortaleza, que pienso, nadie esperó en la sala. René escribió entre sus apuntes el minuto exacto en que cada injusticia fue anunciada al público. Gerardo, con su expresión eterna de sincera inocencia y buen humor, pero respetuosa. Ramón con la ira ardiendo en el rostro y la mirada en alto y el gran Fernando con la sobriedad que lo caracteriza, más dolido por la injusticia ajena que por la propia. Tony me dijo con la mirada: "Ganamos".



El peligro no está al sur de Estados Unidos

En su alegato en el Tribunal Federal de Miami, René expresaba:

‘’...Y si se me permitiera la licencia, como descendiente de norteamericanos laboriosos y trabajadores, con el privilegio de haber nacido en este país y el privilegio de haber crecido en Cuba, le diría al noble pueblo norteamericano que no mire tan al sur para ver el peligro a los Estados Unidos(...) Aférrense a los valores reales y genuinos que motivaron las almas de los padres fundadores de esta patria. Es la falta de esos valores pospuestos ante otros, menos idealistas intereses, el peligro real para esa sociedad. El poder y la tecnología pueden convertirse en una debilidad si no están en las manos de personas cultivadas, y el odio y la ignorancia que hemos visto aquí hacia un pequeño país, que nadie aquí conoce, puede ser peligroso cuando se combina con un sentido enceguecedor de poder y de falsa superioridad. Regresen a Mark Twain y olvídense de Rambo si realmente quieren dejar un mejor país a sus hijos...

Y señalaba: Hace ya más de dos años recibí una carta de mi padre en la que entre otras cosas me expresaba su esperanza de que se pudiera hallar un Jurado donde afloraran los valores de Washington, Jefferson y Lincoln. Es una pena que no haya tenido razón... Pero yo no pierdo las esperanzas en la raza humana y en su capacidad de guiarse por esos valores...